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Platja de Ses Salines: La realidad del verano en Ibiza

Bajas en coche desde Ibiza ciudad y el paisaje cambia de golpe. Montañas de sal blanca a tu derecha. Sí, la zona entera es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Pero los que saturan este asfalto a las dos de la tarde un 14 de agosto no vienen buscando biodiversidad ibicenca, vienen directamente a meterse en el centro neurálgico del verano.

El agua y la arena

El arenal mide bastante más de un kilómetro. Puedes caminar cincuenta metros mar adentro y el agua te sigue por las rodillas, algo comodísimo si llevas a un niño a cuestas o si te apetece quedarte de palique un buen rato con una cerveza que se calienta rápido en la mano. Justo detrás hay dunas separadas por unas cuerdas finas. Ni se te ocurra pisarlas. Los agentes medioambientales te calcan la multa antes de que te des cuenta. Luego a última hora fíjate en las salinas porque el sol bajo las vuelve de un color rosa bastante marciano.

El ambiente

Si pones la toalla a las diez de la mañana te parecerá un sitio tranquilo. A las tres de la tarde casi no ves la arena de la cantidad de italianos y madrileños que hay. Y la acción de verdad se queda en los chiringuitos.

El Jockey Club lleva plantado en la playa desde los años noventa. Madera blanca y un DJ a volumen moderado desde la hora de comer. Si caminas hacia el sur por la orilla acabas chocando con Sa Trincha. Ahí pides una copa de vino blanco por 8 euros y te sientas a ver a la gente bailando house en bañador y descalza por la arena.

Cómo organizarse

La odisea aquí es el sitio. Llega a las doce un fin de semana de julio y te tocará clavar la sombrilla a medio metro del agua. El parking de tierra de atrás te cobra unos 6 euros por dejar el coche todo el día. Es gigante pero se llena enseguida. Al final compensa venir en scooter para evitar la cola de entrada que se forma en la rotonda.

Tienes zonas de pago y un par de quioscos normales para comprar agua fría. Para tumbarte en las camas balinesas de los clubes hace falta reservar por internet con semanas de antelación. Y de noche la cosa muere rápido. La Guardia Civil pasa bastante para mandar apagar los altavoces portátiles a los grupos que intentan montar su propio festival en la oscuridad.

Lo que hay alrededor

Caminando pasada la punta del faro te metes directamente en la playa de Es Cavallet. Si buscas silencio absoluto tienes la zona de Es Codolar muy cerca. Nadie va porque el fondo es de piedras redondas enormes que destrozan los pies al intentar bañarse. Duele bastante. Cuando te hartes del volumen de la música coge el coche. En tres minutos te plantas en la pequeña urbanización de Sa Canal para pedir una dorada al horno en los restaurantes de toda la vida y ver el mar.

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Photo: Zavijavah, via Wikimedia Commons