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La floración de los almendros en Santa Agnès: la noche más curiosa del invierno ibicenco

Febrero en Ibiza te cala los huesos. La costa está desierta. Si vas hacia el interior por la carretera de Sant Rafel verás mucha tierra rojiza húmeda y humo saliendo de las casas. Y de repente miles de almendros florecen a la vez en la zona de Sant Antoni dejando el suelo lleno de pétalos pisoteados. En el pueblo de Santa Agnès de Corona tienen la costumbre de salir a caminar a oscuras una sola noche de invierno para ver esto.

Conducir hasta Santa Agnès en invierno

Llegar al valle en pleno enero o febrero tiene truco porque la carretera se estrecha bastante al pasar los límites de Sant Antoni y un martes cualquiera por la tarde apenas te cruzarás con un tractor o con algún ciclista de estos que van en grupo ocupando todo el carril. Los almendros florecidos contrastan mucho con el verde oscuro de los pinos. El asfalto casi siempre está mojado. Huele a leña quemada.

Caminar de noche entre los huertos

La cosa se pone rara cuando hay luna llena. La gente se junta frente al ayuntamiento de Santa Agnès. Nadie te va a pedir una entrada o te va a intentar colar un tour guiado. Simplemente empiezas a caminar por los caminos de tierra junto a un montón de desconocidos. Lleva el móvil a mano para usar la linterna en las zonas donde los árboles tapan la luz de la luna.

A mitad del recorrido te sueles encontrar un par de mesas plegables del AMPA del colegio. El año pasado vendían trozos de flaó a 2,50 € para pagar el viaje de fin de curso de los críos de sexto. También tenían bocadillos de sobrasada envueltos en papel de plata. El café ibicenco lo sirven ardiendo en vasos de plástico transparente. Te vas a quemar los dedos al cogerlo. Ese café lleva su buena dosis de alcohol y es lo único que te devuelve la sensibilidad a las orejas mientras sigues pisando barro.

La historia de la nieve falsa

Cuentan por aquí una historia sobre por qué hay tanta concentración de estos árboles justo en este valle. Un príncipe ibicenco se trajo a una mujer del norte de Europa para casarse con ella. La chica echaba de menos la nieve de su país. Se deprimió al ver que en la isla el invierno era básicamente lluvia y nubes bajas.

Así que el príncipe plantó un bosque entero de almendros alrededor de su casa y una mañana de febrero le vendó los ojos para darle una sorpresa. Al quitarle la venda vio el valle lleno de pétalos blancos cayendo con el viento. Pensó que había nevado. Fin de la tristeza. Desde entonces a los vecinos les dio por plantar esto por todas partes.

La logística real para ir

Tienes que mirar el calendario lunar antes de comprar los billetes de avión. Si la luna llena cae el 24 de febrero ese es el día exacto de la caminata. Confírmalo siempre en la web del ayuntamiento por si llueve mucho y deciden cancelarlo a última hora (suele pasar).

Aparcar cerca de la iglesia es un infierno si llegas sobre las ocho de la tarde. Mi consejo es que dejes el coche tirado en la cuneta de la carretera mucho antes de llegar al cruce del bar Can Cosmi. Ponte las zapatillas más viejas que tengas por casa. El camino de tierra se convierte en una pista de patinaje si llovió el día anterior.

Caminar de noche rodeado de cientos de personas en completo silencio resulta rarísimo. Te bebes tu café mientras escuchas a dos abuelos hablando en ibicenco cerrado a lo lejos. Luego te metes rápido en el coche con la calefacción a tope para volver a casa.