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Presupuesto real para Ibiza: cuánto vas a gastar de verdad

Ibiza es cara. Pero tu cuenta corriente va a sufrir de forma muy distinta dependiendo del mes o de la calle exacta que pises. Yo he pagado 40 euros de taxi desde el aeropuerto a San Antonio un martes cualquiera. Así que vamos a los números concretos que vas a ver al salir de la terminal. Nada de promedios.

Dormir: la factura más grande de tu viaje

Un dormitorio compartido en el centro de la ciudad te sale por unos 40 euros la noche en pleno julio y eso si logras pillar sitio en el Amistat Hostel antes de que se llene. Si prefieres un apartamento básico en Santa Eulària vas a soltar entre 100 y 140 euros. Y asumiendo que hayas cerrado el trato por allá en febrero. Un hotel con piscina decente no baja de 300 la noche. Si te metes en el terreno de las villas prepara 500 euros diarios mínimo. La trampa está en el calendario. A partir de noviembre ese mismo apartamento de verano te lo sueltan por 700 euros el mes entero.

El problema de moverse por la isla

El autobús L3 entre San Antonio y Dalt Vila te saca del apuro por un par de euros. Pero el lío viene de verdad cuando quieres salir de la ruta principal porque para llegar a las calas donde el agua está limpia necesitas coche sí o sí. Alquilar el típico Fiat Panda machacado en agosto cuesta unos 90 euros diarios. Si encuentras uno disponible. Las agencias locales vacían sus campas antes de San Juan. Luego te enfrentas al aparcamiento. El parking gratuito de Cala Bassa se colapsa antes de las nueve de la mañana y llegar tarde significa darle 5 euros en mano a un señor para dejar el coche en un descampado lleno de polvo que te deja los cristales opacos. Yo acabé dando la vuelta.

Comer barato y cenar caro

Desayunar tostadas de jamón con café en el Bar Costa de Santa Gertrudis te sale por unos 8 euros. A mediodía una porción de pizza recalentada en las calles detrás del puerto te arregla el estómago por 5. Lo inteligente es tirar hacia los restaurantes del interior. En San Juan hay locales con menús de 15 euros que traen postre casero y bebida. Cerca del agua la historia cambia radicalmente. Pides un plato de calamares en un chiringuito de sillas de plástico y te clavan 22 euros sin pestañear. Sentarte en un beach club es asumir que vas a pagar 25 euros por un plato de tomates cortados con sal. Una caña en un bar de carretera cuesta un par de monedas. En las terrazas de Marina Botafoch ese cóctel con sombrilla se va a los 18.

Discotecas, arena y tiempo libre

Caminar por las murallas de Dalt Vila no te cuesta un duro. El museo arqueológico vale exactamente 2,40 euros. Y luego está la playa. Alquilar un par de hamacas con sombrilla en Ses Salines te quita unos 20 euros diarios pero al menos te libras de clavar la toalla en la arena húmeda. Las excursiones en barco desde San Antonio rondan los 55 euros por cabeza. La fiesta va totalmente aparte. En la puerta de Amnesia o Pacha vas a dejar entre 50 y 80 euros dependiendo de qué DJ toque esa madrugada. Dentro te esperan botellas de agua minúsculas a 12 euros. Hay un cajero suelto al lado de los baños que te mete una comisión de 4 euros por operación directa a tu tarjeta si te quedas sin billetes.

El factor del calendario

Todo esto salta por los aires a partir de la tercera semana de octubre. Los precios caen a plomo. Alquilar ese mismo coche te cuesta 30 euros diarios presentándote en el mostrador sin avisar. Aparcas el alquiler donde te da la gana sin pagar ni un céntimo de zona azul. Gran parte de los restaurantes echan el cierre definitivo hasta mayo. Los locales que deciden aguantar el invierno borran los menús para guiris y empiezan a servir platos calientes de cuchara a precios normales. La vida cambia a un ritmo de pueblo pequeño. Te olvidas por completo de los atascos monumentales en las rotondas de entrada a la ciudad a las ocho de la tarde.

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