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Dónde alojarse en Platja d’en Bossa: Ruido, aviones y fiesta a pie de calle

Buscas la zona con los hoteles gigantes y la fiesta pegada a la arena. Tu dedo acaba en Platja d’en Bossa casi por inercia. Son tres kilómetros largos de costa en el municipio de Sant Josep. Voy a ser muy claro. Aquí vienes a lo que vienes. Si se te ocurre alquilar un coche en la segunda semana de agosto te vas a arrepentir de cada euro gastado dando vueltas por el Carrer de les Begònies intentando aparcar en algún hueco de tierra seca que parezca legal.

El ambiente: Aviones y logística resuelta

Es una máquina turística diseñada para tener la cama y el club a cinco minutos andando. La arena está bien. Pero durante el día vas a pasarte el rato esquivando a chavales con camisetas de tirantes que intentan venderte entradas para la sesión de esa misma tarde. Te acabas acostumbrando.

Y luego están los aviones cruzando el cielo a poquísima altura.

El aeropuerto está literalmente pegado al tramo sur de la playa. Los motores de un vuelo comercial rugen justo encima de tu cabeza de forma constante y es un ruido muy real que te va a acompañar todo el viaje. La parte buena es que la logística de llegada no tiene pérdida. El autobús L10 te deja en la puerta de la terminal en unos diez minutos por 3,60 euros exactos. Eso te ahorra tener que pagar la tarifa mínima a un taxista por un trayecto tan ridículo.

También puedes caminar hasta el centro de Ibiza. El paseo conecta directamente con la zona de Ses Figueretes. Tardas unos 40 minutos a buen ritmo viendo Dalt Vila a lo lejos y viene genial para ir a cenar a la ciudad sin tener que suplicar por un coche libre a las dos de la mañana para la vuelta.

Dónde dormir: Cemento y pulseras de colores

Hay bloques enormes por todas partes y unas cuantas marcas hoteleras internacionales. Abundan las pulseras verdes o amarillas en las muñecas de grupos de turistas que buscan amortizar la barra libre del hotel antes de pisar la calle. Son complejos con piscinas inmensas y animadores con un micrófono a primera hora de la tarde. Si viajas con tu grupo y queréis tener la cerveza fría ya pagada desde que aterrizáis un martes cualquiera, no busquéis más.

Hay bastantes edificios de apartamentos turísticos de toda la vida. Algunos los reformaron hace poco y te cobran 300 euros la noche sin pestañear en pleno julio. Otros llevan con los mismos azulejos en el baño desde finales de los noventa. Casi no hay término medio. Todo se resume en que cuanto más te acerques a la zona cero de la fiesta más vas a pagar por dormir menos horas.

La calle principal: Supermercados y mucha noche

La vida fuera del agua pasa por una avenida larga y ruidosa. Hay decenas de locales de porciones de pizza y tiendas donde una botella pequeña de agua fría te cuesta casi tres euros. A eso súmale esos cajeros automáticos independientes que te meten una comisión de 3,95 euros por sacar tu propio dinero. Evita esos cajeros.

Ushuaïa y Hï Ibiza están en este mismo tramo. El primero monta fiestas al aire libre en su piscina central que cortan la música a medianoche en punto por normativa. El segundo coge el relevo justo en la acera de enfrente hasta que sale el sol y las calles se llenan de gente desorientada buscando transporte o intentando recordar el número de su habitación mientras el ruido de los graves sigue retumbando en las ventanas de los pisos más bajos hasta bien entrada la madrugada.

¿Es el sitio que buscas?

Sabes perfectamente dónde te estás metiendo. Te compensa si tu plan exige tener la arena y los DJs a pocos metros. Asumes el paso de los aviones cada diez minutos. A cambio te quedas en una zona conectada al milímetro donde la rutina habitual consiste en dormir hasta las dos de la tarde y bajar a por un café a precio de oro para volver a arrancar.

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