El sur de Ibiza acapara los titulares con sus discotecas. Pero el norte funciona a otro ritmo. Dejas atrás Sant Antoni de Portmany, cruzas esa línea imaginaria hacia Sant Joan de Labritja y el asfalto cambia. Las carreteras se estrechan de golpe entre los pinares. Tienes que frenar. Este es el municipio más septentrional de la isla. Conserva intacto ese espíritu bohemio y rural que muchos asumen que desapareció hace décadas con la llegada del turismo masivo.
Un Legado Bohemio que Perdura
Los artistas y librepensadores que llegaron en los años sesenta y setenta dejaron su huella. Sigue ahí. Ve un sábado al Mercado de las Dalias en Sant Carles. Abrió en 1985 y hoy mantiene ese caos organizado de puestos donde comprar joyería artesanal o ropa de diseño local. En verano montan el Night Market los lunes por la noche con conciertos en directo. La cerveza está fría y el ambiente atrae a lugareños y visitantes por igual.
Y luego está Cala Benirràs. La gente se junta en esta playa de guijarros al atardecer, sobre todo los domingos. Traen tambores. Empiezan a tocar uniendo a la multitud mientras el sol desaparece detrás