Olvida los ritmos electrónicos. Santa Eulària des Riu está en la costa este y tiene el único río de todas las Baleares. Es un detalle geográfico que explica por qué esta zona se mantiene verde incluso a pleno sol de agosto. Vas a encontrar un ambiente familiar y directo. Las cenas bajo las palmeras se alargan sin ninguna prisa. Y por la tarde verás a los pescadores descargando el género en el puerto, con el sonido del agua de fondo en lugar de música a todo volumen.
El Corazón Histórico: Puig de Missa
Arriba en la colina destaca una iglesia blanca y fortificada. La levantaron en el siglo XVI para que la gente del pueblo pudiera encerrarse cuando atacaban los piratas berberiscos. Aún conserva la torre de vigilancia original. Hoy sigue funcionando como parroquia y tiene un patio exterior bastante amplio. Justo al lado está la casa-museo de Laureà Barrau. Entrar ahí te da una idea muy clara de cómo vivían en la isla antes del turismo, simplemente mirando los cuadros que pintó. Sube sobre todo por las vistas desde el muro de piedra, merecen el tramo de cuestas.
Paseo Marítimo y la Vida Local
La avenida principal transcurre bajo los árboles pegada al agua. Aquí te cruzas con los vecinos bajando a la arena y turistas caminando hacia el puerto deportivo. Las barcas pequeñas de madera están amarradas al lado de los yates modernos. De noche es el sitio lógico para salir a cenar. Tienes decenas de locales donde sirven el pescado que entró esa misma tarde. Es un ambiente cómodo. Nada de empujones ni esperas interminables.
Playas y Calas para Todos los Gustos
El agua en el centro del pueblo apenas cubre al principio. Eso hace que la arena se llene rápido de familias con niños. Pero si conduces un poco llegas a Cala Llonga. Es una ensenada totalmente cerrada al viento. Si buscas comer bien frente al mar, tienes el restaurante Amante metido en una cala privada. O Beach House si prefieres estar literalmente pisando la arena. El menú en estos sitios es actual y rápido. Ahora, si lo que te apetece es probar la comida ibicenca de toda la vida, camina hacia el interior del pueblo. Pide un guisat de peix, un guiso de pescado denso y oscuro que te dejará sin hambre para el resto de la tarde.
El Mercadillo Hippy de Punta Arabí
Entre abril y octubre toca ir a Es Canar. Los miércoles montan allí el mercadillo de Punta Arabí. Lleva funcionando desde los años setenta y meten a más de 500 artesanos en el mismo recinto. Venden ropa, cuero trabajado a mano y joyería. Siempre hay música en directo sonando de fondo por los pasillos de tierra. Ve a primera hora de la mañana. Se llena rapidísimo y a mediodía cuesta moverse entre los puestos para mirar los precios. Si vas pronto puedes comprar con calma y pedir algo en los puestos de comida internacional antes de que se formen las colas.
Explorando el Interior Verde
Aunque el río baje seco durante los meses de verano, la tierra que lo rodea aguanta fértil. Alquila una bicicleta. Al alejarte de la costa entras en zonas llenas de almendros y naranjos separados por muros bajos. Pasas por casas payesas antiguas. Es un terreno muy plano y fácil para pedalear un par de horas. Verás una parte del municipio en la que casi nadie se fija por estar pendiente de buscar aparcamiento junto al mar.
Pasar unos días en esta zona te cambia la perspectiva. Te das cuenta de que existe una versión de la isla donde puedes comer bien, conocer la historia local y dormir de un tirón sin escuchar la discoteca de turno.