Y de repente es invierno en la isla. Mucha gente asume que a partir de octubre todo se apaga hasta el mes de junio. Mentira. Los que vivimos aquí tenemos otro calendario marcado por verbenas de plaza y hogueras en mitad de la calle. Cuadra tus billetes con alguna de estas fechas para ver qué pasa cuando la temporada alta echa el cierre por fin.
Enero y los Reyes Magos frente al mar
El 5 de enero te plantas en la plaza del Ayuntamiento de Sant Antoni. Vienes buscando la cremà de la foguera de Reis. Es una hoguera minúscula si la mides con los estándares de las fallas de Valencia. Da lo mismo. Tiene ese encanto raro de las cosas de barrio. El 6 por la tarde toca buscar aparcamiento desesperadamente por Ibiza ciudad para ver llegar a los Reyes Magos en barco. Ver los pesqueros maniobrar de noche bajo las murallas iluminadas compensa de sobra el viento helado de poniente. Después vas y pagas gustoso los 18 euros que te cobran por un roscón mediano en pastelerías de toda la vida como La Canela.
Semana Santa cuesta arriba
Olvídate de procesiones planas y multitudinarias. La Semana Santa aquí toca caminarla literalmente cuesta arriba. El Viernes Santo los pasos del Santo Entierro suben por las calles de Dalt Vila y los costaleros resbalan un montón en ese suelo empedrado que brilla porque parece cristal. Hay muy poca luz. Solo escuchas los tambores rebotando contra las fachadas de piedra y ese ruido seco de las suelas de esparto rozando los adoquines sueltos.
El tráfico de la Festa de la Flor
Santa Eulària des Riu tiene el único río de Baleares. En mayo suele bajar casi seco. El primer domingo del mes organizan la Festa de la Flor y la calle principal se bloquea por unas alfombras enormes de pétalos teñidos que tiran al suelo. Intentar aparcar cerca del paseo marítimo ese domingo a mediodía te puede arruinar la mañana. Terminas dejando el coche de alquiler tirado en algún descampado por la zona del Puig de Missa. Te toca caminar un buen rato cuesta abajo tragando bastante polen.
Las hogueras de Sant Joan
La única carretera decente que sube al norte revienta de tráfico el 23 de junio por la tarde. Todo el mundo intenta meter su coche en Sant Joan de Labritja para ver las nueve hogueras de leña. Saltas por encima de todas ellas para cumplir el expediente de espantar lo malo. Tu ropa va a oler a brasa hasta que la metas en la lavadora dos veces seguidas. Luego tienes que pedirte unos macarrones de Sant Joan. Al ojo parecen simples macarrones pasados. Te los metes en la boca y resulta ser un postre casero empalagoso hecho con leche hirviendo y canela que la gente se come de pie en vasos de plástico.
La Reconquista en agosto
Agosto te deja pegado a la silla por la humedad. Pero los días 5 y 8 justifican subir de nuevo a Dalt Vila sudando a mares. El día 8 toca la Festa de la Reconquista. Hacen un desfile recreando cómo entraron las tropas cristianas en el año 1235 por la puerta principal. Los actores llevan armaduras falsas y se asan vivos bajo el sol de las seis de la tarde. La batalla simulada en el Portal de ses Taules está muy bien si consigues coger sitio pronto apoyado en la barandilla de piedra del puente levadizo.
El barro y el vino de Sant Mateu
Diciembre baja las revoluciones a mínimos. En Sant Mateu d’Albarca organizan la Festa del Vi Pagès. Llegas al pueblo y un vecino te da un vaso de cristal pequeño para que vayas probando el vino nuevo. Es un vino fuerte. Raspa un poco en la garganta al tragar. Casi siempre llueve el jueves o el viernes anterior y el descampado de tierra donde plantan las mesas acaba convertido en un barrizal tremendo. Pasas la tarde masticando sobrasada asada al fuego sobre trozos gruesos de pan payés mientras un grupo toca la flauta ibicenca. A las seis de la tarde ya es de noche cerrada y te vuelves al coche encendiendo la linterna del móvil para no pisar las cacas de oveja.