El norte de Ibiza no se parece en nada al sur. Cala Xarraca está ahí arriba pasada la curva de Portinatx. Olvídate de la arena fina. Pisoteas una mezcla de gravilla gruesa y restos de posidonia seca que huele fuerte cuando aprieta el sol a primera hora de la tarde. Si vienes de las tumbonas de Platja d’en Bossa el golpe visual es tremendo. Y luego está el acantilado bajo de tierra rojiza que parece que se va a desmoronar sobre el agua cualquier invierno de estos por culpa de los temporales fuertes.
La entrada al agua
El color tira a un verde oscuro muy denso. Eso es culpa de las praderas de algas que cubren el fondo a los pocos metros. Entrar al mar descalzo es un error de novato porque la orilla está llena de cantos rodados resbaladizos. Cómprate unos escarpines de goma en el bazar de Sant Joan antes de venir por unos cuatro euros. Te salvan la vida. Una vez pasas esa barrera incómoda de piedras sueltas ya puedes nadar tranquilo sobre la roca limpia.
La tubería submarina
Vas a querer tener a mano las gafas de bucear. En el lado derecho de la bahía hay una tubería vieja. Suelta agua dulce directamente al mar. La gente local la llama la Font Submergida y cuando pasas por encima notas un corte brusco de temperatura en el estómago. El agua sale muy fría. Nadas rodeado de burbujitas y de repente te estás pelando de frío en pleno agosto mientras intentas no rozar las piedras del fondo con las rodillas al avanzar.
Por esa zona también verás arcilla roja en la pared. Algunos bañistas se embadurnan los brazos enteros creyendo que el barro tiene propiedades especiales para la piel.
Aparcar y comer algo
El parking de tierra de arriba tiene hueco para veinte coches mal contados. Un domingo de julio a las once de la mañana ya no cabe ni una moto de alquiler. Te toca aparcar en el arcén de la carretera principal y caminar. Abajo sobrevive un chiringuito de madera de los de toda la vida. Tienen buen pescado al horno. Una ración de calamares con una Estrella Galicia en lata te sale por 34,50 euros.
Lleva el dinero en efectivo siempre. El datáfono se queda sin cobertura cada dos por tres. El camarero te mirará con mala cara si intentas pagar con el móvil y el aparato no conecta. Tampoco tienen hamacas. Busca un trozo plano en la grava y pon ahí tu toalla.
El desvío en la carretera
El autobús por esta zona pasa cuando quiere. Necesitas un coche. El desvío está marcado en la carretera general. Pero el último tramo de bajada es criminal. Es un carril asfaltado muy estrecho donde sudas tinta si te cruzas con un Fiat 500 subiendo a toda pastilla. Frena bien en las curvas ciegas.
Puedes llegar andando desde Portinatx por los caminos del monte. Cuesta casi media hora. El sendero está lleno de raíces de pino que asoman justo donde vas a poner el pie y la tierra suelta resbala bastante en las bajadas cortas. Lleva una botella de agua grande porque entre los árboles no corre nada de aire.
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Photo: MrMatt1, via Wikimedia Commons
