Ibiza mide unos 550 kilómetros cuadrados. En el mapa es enana. Pero intenta cruzarte la isla desde el aeropuerto hasta Portinatx un martes a las dos de la tarde confiando en los autobuses de línea. Te vas a derretir en la marquesina. El transporte público te apaña el trayecto de la capital a San Antonio si vas sin prisa. Para todo lo demás estás completamente vendido.
Alquilar coche es la única manera de llegar a los sitios donde de verdad merece la pena bañarse.
Por qué necesitas un coche y cuándo merece la pena un 4×4
Ver Es Vedrà desde la arena de Cala d’Hort requiere tirar de volante. Piénsate bien pagar un poco más por un todoterreno o un SUV pequeño. Muchos accesos al mar son simplemente caminos de tierra llenos de baches. La bajada hacia Cala Xarraca te destroza los bajos de un Fiat 500 de alquiler antes de que te des cuenta del desnivel.
Agencias de toda la vida como Moto Luis o Ibiza Jeep Hire tienen flotas enteras llenas de estos vehículos altos. No es ninguna trampa para exprimir a los turistas. Bajar a Cala Mastella con cuatro personas en un turismo bajo es jugar a la ruleta rusa con el cárter. Rozar una piedra te cuesta la fianza entera. Yo perdí 300 euros la primera vez por creerme más listo que nadie.
Lo que te vas a encontrar al volante
La autovía E-20 al salir del aeropuerto no tiene ningún misterio. El resto de las carreteras van a su propio ritmo. Hay rotondas por todas partes. Irás a 90 km/h en los tramos principales hasta que te toque chuparte diez kilómetros detrás de un camión de reparto de Estrella Damm. Ahí te quedas a 40.
Y de noche la película cambia por completo. Volver de cenar pescado en Es Boldadó te obliga a meterte por un laberinto de asfalto secundario. Cero farolas. Te vas a encontrar curvas ciegas y gente mirando el Google Maps en la pantalla del móvil mientras conduce. Pon las luces largas en cuanto puedas. Ve despacio.
La Guardia Civil monta controles de alcoholemia constantemente. Se ponen muchísimo en las rotondas de entrada a Ibiza ciudad y a la salida de las discotecas grandes. Una multa te amarga el verano y el coche se queda inmovilizado en la cuneta. Paga los 30 euros del taxi si vas a pedirte unas copas.
El papeleo y la recogida del coche
En las terminales están las marcas típicas. Las empresas locales funcionan muy bien para saltarte la cola de guiris sudando frente a los mostradores de llegadas en pleno agosto. Tienes que reservar con meses de antelación. Plantarte en la isla buscando un vehículo sobre la marcha es garantía de acabar pagando 90 euros diarios por un trasto viejo que nadie más ha querido alquilar. O directamente te quedas a pie.
Graba todo el exterior del coche con la cámara del móvil cuando te den las llaves. Ojo con la letra pequeña de los seguros a todo riesgo. Muchas pólizas básicas no cubren los daños en vías sin asfaltar. Y ya sabes que vas a pisar tierra obligatoriamente.
Revisa la política de combustible. Si tienes que devolverlo lleno, calcula bien el tiempo porque la gasolinera Cepsa que hay justo antes del desvío del aeropuerto siempre tiene una cola larguísima y te cobran un recargo de locos si entregas el coche con la aguja un milímetro por debajo del máximo.
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