Vas a ir a un mercadillo en Ibiza. Todo el mundo lo hace. Pero olvídate de la paz y el amor de los años sesenta. Hoy los dos grandes recintos de la isla son Punta Arabí y Las Dalias. Elegir el equivocado significa chuparte cuarenta minutos de atasco en la carretera de Santa Eulària para acabar comprando una camiseta hecha en cadena a precio de oro. Vamos a ver dónde te metes.
Punta Arabí: El gigante de Es Canar
Todos los miércoles de abril a octubre se monta el mercado más antiguo de Ibiza. Es inmenso. Hay unos 500 puestos sobre caminos de tierra que te destrozan las zapatillas si vas en agosto. Y mucho humo de incienso tapando el olor a crema solar.
Seamos claros sobre la mercancía. Aquí vas a ver montañas de gafas de sol y bisutería de plástico importada. El mismo género que cuelga en cualquier paseo marítimo peninsular. Entre todo ese ruido visual hay que buscar a los artesanos que trabajan la plata o a los diseñadores que cosen algodón orgánico allí mismo bajo la lona. Encontrarlos cuesta bastante. El parking en el descampado de al lado sale por unos 4 euros. Lleva monedas porque la cobertura para pagar con el móvil a veces cae justo cuando tienes a tres coches pitando detrás esperando tu plaza. Es un sitio agotador que te deja la sensación de haber sobrevivido a unas rebajas salvajes.
Las Dalias: Menos puestos y más diseño
Luego tienes la carretera de Sant Carles. Los sábados abren Las Dalias. En julio y agosto también montan los lunes por la noche. Yo prefiero mil veces ese horario nocturno porque te ahorras el sol cayendo a plomo. De día los comerciantes se instalan alrededor del restaurante bajo una parra gigante que salva un poco la situación a mediodía.
La criba de vendedores es estricta. Verás ropa de creadores independientes. También cerámica pesada y unos bolsos que huelen a taller de cuero desde el pasillo central. Los precios pican. Una camisa de lino básica se planta en 80 euros tranquilamente. Puedes sentarte en la terraza a pedir una caña. Te van a cobrar precio de Ibiza. La gente viene a este mercado buscando prendas concretas o para tomar algo escuchando a los DJ que se ponen a pinchar por la tarde junto a la barra de los zumos.
Otras opciones para huir de las masas
Hay vida más allá de los dos recintos principales. Los jueves por la tarde montan cuatro puestos contados en el norte. En Sant Miquel. Lo hacen coincidir con los bailes tradicionales en el patio de la iglesia. Vas, compras un par de pulseras de macramé de un artesano que lleva allí media vida y te tomas unas hierbas ibicencas en el bar de enfrente.
También quedan mesas fijas diarias en el paseo de s’Alamera de Santa Eulària. O en el barrio de Sa Marina pegado al puerto de Ibiza ciudad. Este último es un pasillo estrecho que se llena rápido. Viene perfecto para comprar un regalo de última hora de camino a cenar. Te ahorras planificar una excursión entera en coche.
Si tienes que elegir piensa en cuánto jaleo aguantas. Es Canar te da el caos absoluto y el recuerdo barato para salir del paso. Para llevarte un anillo en condiciones a casa compensa conducir hasta Las Dalias.
Fotografie: Palencas, via Flickr
