Pagar 38 euros por una hamburguesa en un local con luces de neón cerca de Ses Salines duele. La alternativa real está tierra adentro. Busca los manteles de papel manchados de aceite. La comida tradicional de la isla viene de una época donde la gente trabajaba el campo de sol a sol y necesitaba muchas calorías para aguantar la jornada.
Bullit de Peix
Significa pescado hervido. El bullit de peix llena muchísimo. Los marineros aprovechaban la morralla que no tenía salida en la lonja y ahora es el plato estrella de los fines de semana. Te traen una bandeja enorme de aluminio. Lleva trozos de cabracho enterrados en una capa espesa de alioli que rebajan con el propio caldo de la cocción. Y mancha bastante la ropa si el camarero tropieza un poco al dejarlo en la mesa.
Luego llega la paella con el arroz a banda tostado al fondo. Todo sabe a ese mismo caldo denso. Si llamas a El Bigotes en Cala Mastella con varias semanas de margen igual consigues sitio. Solo dan de comer a las dos de la tarde en punto. Llegar diez minutos tarde significa quedarte en la puerta mirando cómo comen los demás.
Sofrit Pagès
En enero la humedad se mete en los huesos. El sofrit pagès corta ese frío de raíz. Hablamos de un guiso de carne muy pesada que fríen y luego dejan hirviendo en una cazuela de barro. Lleva pollo de corral y cordero. Los trozos gruesos de butifarrón local le dan un sabor intensísimo a la grasa que va soltando el embutido durante horas.
El restaurante Es Pins está en la carretera de Sant Joan. Pídelo ahí un domingo cualquiera sobre la una y media. La ración ronda los 22 euros. Seguramente acabes pidiendo una cesta extra de pan payés tostado para limpiar el fondo del plato y aprovechar ese aceite rojizo que se queda suelto por los bordes.
Flaó
La masa del flaó lleva hojas de hierbabuena fresca picadas. El queso es de oveja y cabra. Mezclar un lácteo tan fuerte con el frescor casi agresivo de la menta choca la primera vez que lo pruebas. Pero funciona. La base crujiente tiene un toque de anís que notas justo al tragar.
Antes solo se veía en las panaderías durante la Semana Santa. Ahora lo hornean a diario. Yo pillo siempre una porción suelta en La Turronera del centro de Ibiza ciudad antes de coger el primer ferry de Balearia hacia Formentera. Te lo envuelven en un papel blanco muy fino que siempre acaba lleno de migas en la mochila.
Hierbas Ibicencas
Ese líquido amarillo que te ponen con la cuenta son las hierbas ibicencas. Hacen una base de anís y meten dentro tomillo o romero. Las botellas caseras llevan ramas enteras flotando por dentro del cristal. Las dulces entran como agua pura. Las secas raspan la garganta bastante más.
En los sitios de carretera te dejan la botella entera en la mesa junto a unos vasos del congelador. Tú mismo te echas lo que veas. Comprar esto en las tiendas del puerto es tirar el dinero directamente. Tienes botellas de Can Mayans a mitad de precio en el supermercado Eroski que hay poco antes del desvío del aeropuerto.
La sobrassada
La textura de la sobrassada de aquí resulta más basta que la mallorquina. Es carne cruda curada con pimentón dulce y sal gruesa de las salinas.
La verás en los bares de pueblo desde las siete de la mañana. Pide pan payés a la plancha. Te lo traen con la sobrasada untada por encima y algunos sitios echan un hilo de miel local para engañar el picante. El bar Anita en Sant Carles tiene unos bocadillos calientes con queso fundido que reviven a cualquiera después de una noche larga. Te los sirven en unas mesas de madera minúsculas.
Alquila un coche pequeño tipo Fiat Panda. Las carreteras hacia el norte son estrechas y los arcenes de tierra resbalan. Busca los bares que tengan furgonetas blancas de fontaneros y electricistas aparcadas en la explanada de la entrada sobre la una del mediodía. Ahí vas a comer muy bien.