Sant Antoni sale en los telediarios de agosto por los motivos que ya te imaginas. Pero a pie de calle la cosa cambia bastante en cuanto te alejas un par de manzanas del jaleo. La bahía es gigantesca. Tienes el núcleo urbano que es puro asfalto. Y luego esa carretera interminable que va bordeando la costa hacia Port des Torrent, donde ves a las mismas familias madrileñas o vascas veraneando desde hace décadas. Yo siempre busco hotel en este lado de la bahía. Principalmente por el tráfico. Te ahorras el atasco monumental de las diez de la mañana en la rotonda del Huevo cuando media isla intenta salir a la vez hacia las playas.
La zona de las puestas de sol
El paseo marítimo de Ses Variades congrega a medio municipio a eso de las ocho. Ahí vas a encontrar los famosos Café del Mar y Café Mambo. Conseguir una mesa en primera fila un martes de julio te va a suponer un consumo mínimo que pasa fácil de los 100 euros por cabeza. Hay una alternativa mucho más barata. Cientos de personas se sientan directamente en las rocas con un par de latas frías del supermercado Spar que hay un poco más arriba, aguantando hasta que baja el sol.
El ambiente muta de golpe cuando oscurece. Café del Mar tira por la música ambiente. Mambo sube los graves hasta que te vibran los zapatos y monta una fiesta seria antes de la medianoche. Dormir en los bloques de apartamentos de esta primera línea significa tragarte toda esa percusión de fondo. Si tu intención es pegar ojo antes de las tres de la madrugada tienes que irte un par de calles hacia el interior.
Una base para ver las playas del oeste
Estar en esta parte de la isla te soluciona bastante la logística para pisar arena blanca. Cala Tarida queda bajando hacia el sur y tiene espacio físico de sobra. Cala Comte es otra historia. El agua tiene un color fluorescente que parece falso en las fotos. El problema es que se llena tan rápido que a las once ya estás pisando toallas ajenas. Arriba tienes el chiringuito Sunset Ashram con unas vistas espectaculares al acantilado, aunque la cuenta te bajará a la tierra enseguida.
Para ir a Cala Bassa y aprovechar la sombra natural de sus pinos ni se te ocurra mover tu coche de alquiler. El aparcamiento de tierra se satura rápido. Terminas dando giros al sol con el motor hirviendo mientras esperas que alguien decida irse. Es mucho más inteligente caminar hasta el puerto y subirte al barco de línea. Cuesta 12 euros ida y vuelta. Vas viendo la costa durante veinte minutos sin estrés ninguno. Y si prefieres asfalto tienes el autobús L41 en la estación nueva. Tarda media hora de reloj y el conductor suele poner el aire acondicionado a una temperatura polar. Métete una sudadera fina en la mochila o vas a salir tiritando a 32 grados en el exterior.
Consejos prácticos sobre el terreno
Acertar con la calle del hotel te arregla las vacaciones. El centro de Sant Antoni y las zonas pegadas al West End son un griterío continuo en pleno verano. Para dormir del tirón tienes que mirar los edificios de la parte sur de la bahía. Cuando pasas la playa de Es Puet y te acercas a Punta Xinxó el volumen baja radicalmente y hasta puedes escuchar el mar por la noche.
Moverse desde esta zona sale a cuenta si dominas las paradas. La línea 3 te deja en el centro de Ibiza ciudad. Para ir al aeropuerto tienes la línea 9 que va bastante directa. Presta mucha atención cuando necesites efectivo para tomar algo. Los cajeros que hay por el paseo marítimo son casi todos de redes privadas que te clavan 3,95 euros de comisión solo por meter la tarjeta. Camina hasta la estación de autobuses y saca tu dinero en las sucursales bancarias de toda la vida.
Date una vuelta por los alrededores de la iglesia fortificada. Tienen un mercadillo muy modesto los lunes y ese rincón todavía conserva el ritmo del pueblo original. A la hora de cenar pasa de largo de las terrazas con fotos plastificadas de paellas en la puerta. Piérdete por las callejuelas estrechas de detrás del puerto para pedir un bullit de peix en algún bar de los de siempre. Es un guiso denso de pescado con patatas que te deja listo para meterte en la cama.
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